Conociendo el temperamento de tu hijo: una guía para criar con más paciencia

Cada niño llega al mundo con un temperamento único. Algunos son más sensibles, otros más activos; algunos se adaptan rápido, otros necesitan más tiempo. Entender el temperamento no es etiquetar, sino conocer la forma natural en que tu hijo experimenta el mundo.

El temperamento tiene tres grandes componentes:
1. Intensidad emocional (¿siente muy fuerte o más suave?)
2. Tiempo de adaptación (¿se ajusta rápido a cambios o necesita anticipación?)
3. Nivel de sensibilidad (¿percibe detalles mínimos o solo estímulos claros?)

Cuando empezamos a observar estas características, dejamos de ver ciertas conductas como “problemas” y empezamos a verlas como rasgos. Esto cambia por completo la forma en que acompañamos.

Por ejemplo, un niño altamente sensible puede abrumarse con ruidos, luces o cambios repentinos. No es “dramático”; su sistema nervioso procesa más información. En este caso, anticipar, preparar el entorno y darle tiempo puede reducir el estrés significativamente.

Un niño muy activo no se queda quieto porque “desobedece”, sino porque necesita movimiento para regular su cuerpo. Permitir pausas de movimiento o integrar actividades motoras ayuda más que pedir inmovilidad constante.

Cuando ajustamos nuestras expectativas al temperamento real del niño, la crianza se vuelve más compasiva. Dejamos de pelear con lo que es natural en él y empezamos a acompañarlo desde la aceptación.

Conocer su temperamento también te ayuda a entender el tuyo. Tal vez te cuesta la intensidad emocional, o te incomodan los cambios. La crianza se vuelve más liviana cuando reconoces tus propios límites y te permites crecer junto a tu hijo.

Criar con consciencia no es hacerlo perfecto. Es observar, comprender y acompañar con intención. Y el temperamento es una de las llaves más valiosas para lograrlo.

Publicación escrita por:
Psic. Alejandra Valenzuela Peña

Psicóloga Infantil

Compartir esta publicación

Explora y adquiere las herramientas que te ayudarán a acompañar mejor a tu hijo.